domingo, 26 de marzo de 2017

Pete Townshend, "The sea refuses no river"


El mar no rechaza ningun río/ acordate de eso/ cuando el mendigo se pague una vuelta

El domingo ya empieza a perder sus luces, y yo no puedo menos que recordar que apenas si hemos hablado de la música del no-programa en esta semana de marchas y no de canciones, y a mucha honra. Si, marzo se acaba y hay un Música Cretina al que aún no hemos deshojado, asi que mejor empezar con el me quiere-no me quiere en cuestión, aun se trate de amores y no de rechazos cuando hablamos de canciones. Y más si son cretinas, claro. Hay una canción que hoy siento que lo es mas que todas, y para empezar a hablar de ella voy a confesar una herejia: siempre preferi a Pete Townshend como solista. Si, si, ya se, no digan nada, y yo mismo me doy de patadas, porque lo mejor de The Who no le llega a los tobillos al Pete en solitario, es verdad y lo tengo muy en claro. Pero hay fanatismos que no se eligen, sino que simplemente se quedan con uno, como el que yo tengo por el disco Todos los mejores cowboys tienen ojos chinos. Recuerdo haberlo conseguido en cassette en su momento, recién salido y cuando apenas empezaba a hacerme una pequeña discoteca. O casseteca, mejor dicho. Y aca esta el secreto del fanatismo, porque uno tiene siempre un particular apego por los discos que se compró en tiempo real, por el primer detritus de ese filón que alcanza a tener en sus propias manos. Tengo amigos que ponen a Emotional rescue antes que ninguna otra cosa de los Stones solo porque fue el primero que compraron de su propio bolsillo, recién salidito. Y es lo que me pasa a mi con Townshend, porque nunca pude sentir esa cercanía con It's Hard, por ejemplo, el disco de The Who mas o menos contemporáneo del solista al que me refiero. Y si a eso le sumo que ninguno de mis amigos por aquella época tenia particular predilección por el grupo, no había sencillamente forma de entender historia y contexto: recien comprendí todo cuando, en la época del CD, pude poner manos en el compilado Who's better, Who's next. Pero, claro, a esa altura la suerte ya estaba echada, y con ciertas fidelidades no se jode. Y cuando se habla de Todos los mejores cowboys, la clave está en las canciones. Canciones que son monumentos, como ésta, de letra interminable, que leí traducida de pendejo en una Twist y Gritos, creo recordar, y no paré hasta conseguir, hacerme fan y cruzado de un disco que, bien mirado, no termina de estar a la altura de esta canción. Pero no importa, porque como dice Pete, el río no rechaza ningun río. Oh, no, claro que no. Recuerdo que cuando nos pasábamos el porro/ mi cuerpo se enfriaba un poco, canta Townshend casi al comienzo de un tema con referencia bíblica, que leo en Who I am, sus memorias, que coincide con una época queestaba en cualquiera, pasado de rosca con todo, con el alcohol, con las drogas, con sus coqueteos con el jet set, no había nada en pie. Pero, sin embargo, el mar, oh si, ahi estaba el mar, que recibe y recibe. Como siempre me sucede, cada vez que vuelvo a escuchar el tema, no lo puedo sacar de mi cabeza durante días y días. Así estoy en el último tiempo, cantando y cantando el estribillo. Y también tarareando ese puente, o como quiera que se llame, que se parece demasiado a la melodía de Marlboro. Pero lo dije antes, con los fanatismos no se jode, y me gusta esta letra que va y viene, que tiene un pliegue para cada momento de la vida, como para sumarse al coro. Estamos poluidos ahora, pero en nuestro corazón permanecemos limpios, canta Pete, y es imposible no querer cantar con él. De eso se trata el domingo, de eso se tratan las canciones que son nuestras como el tatuaje en la piel, de eso se trata Musica Cretina, que desde su Lado A, y después de lo nuevo de Charly García, como no podía ser de otra manera, se suma a ese coro que dice que el mar no rechaza ningun rio. Y el río es donde todos estamos.

martes, 21 de marzo de 2017

Lou Reed, "Stupid man"


Vivir tan solo al lado del agua/ te volverá totalmente loco

Ya les dije que hay un nuevo no-programa, ¿no? Es martes, hay un hermoso sol otoñal, y también hay un flamante Musica Cretina. Marzo arrancó su retirada, pero nosotros nos quedamos, no nos queda otra. Pero no estamos solos, aquí está el amigo Lou, sonando desde el comienzo del Lado B del no-programa que recién estrenamos ayer con una joya de su época Arista, la más injustamente menospreciada de su carrera, una época que va desde Rock n roll heart (1976), hasta Growing up in public (1980). Stupid man es el tema que abre The bells (1979), y dan ganas de quedarse, y darle play una y otra vez. Al menos eso fue lo que me pasó cuando descubrí las remasterizaciones recientes de esta época de Lou, algo a lo que --cuentan-- estuvo dedicado en sus últimos días. Me lo imagino volviendo a escuchar aquellas cintas con una sonrisa satisfecha, pensando (con permiso, Manuel Vilas) pero qué bien que suenan, pero qué bueno que era yo entonces, pero cómo los volvi a cagar a todos, ya van a ver, ya van a volver a escuchar, y quedarán como el perrito de la RCA, escuchando la voz del amo, y tendrán que venir a pedir perdon, ya van a ver, soy el mejor, pero no hace falta escuchar nada Lou, perdon Lou, perdon y perdon. Y ahora sí, cantamos todos: hombre estúpido, que hace dedo escapando de una buena vida. Suena en esta tarde soleada de martes, y suena también en ese mundo paralelo llamado Música Cretina, donde Lou vive, donde Lou es eterno. Y entonces llega el momento de confesar que se me hizo un rito, y lo evoco en secreto cada mañana de yoga: cuando mis compañeros dicen Ommm, yo digo lOOOureeDDD. Y, en vez de gracias, rock n roll.

sábado, 4 de marzo de 2017

Música Cretina 2017 #2

ESTO NO ES UN PROGRAMA

6-2-2017

Lado A

"Sólo necesito unos minutos de tu tiempo/ tratá de concentrarte y abrir tu mente"

1.- Flo Morrissey and Matthew E. White, Look at what the light did now (Little Wings)
2.- Leiva, La lluvia en los zapatos
3.- Daniel Romano, Valerie Leon
4.- Ronnie Spector, I'd much rather be with the girls
5.- Manu Chao, No solo en china hay futuro
6.- Derrick Harriott, Brown baby
7.- Riki Musso y Sus Fabulosos Los Formidables, Buen día Wendi

Lado B

"Buscas en mis bolsillos/ pruebas de otro cariño"

8.- Blackie and The Rodeo Kings c/Nick Lowe, Secret of a long lasting love
9.- Carmen Sandiego, Eructo de semen
10.- Tanya Donelly, Between the bars (Elliott Smith)
11.- Howe Gelb, A book you've read before
12.- Christina Rosenvinge, Bolero falaz (Aterciopelados)
13.- Alejandro Escovedo, I don't want to play guitar anymore
14.- La Costa Brava, Justicia poética

miércoles, 1 de marzo de 2017

Tanya Donelly, "Between the bars" (Elliott Smith)


Hacé lo que yo digo/ y haré que te sientas bien

Cuenta Tanya Donelly que escuchó por primera vez el nombre de Elliott Smith a través de un amigo que era el manager de Heatmiser, la banda con la que Smith arrancó tocando en Portland. La había formado con Neil Gust, un compañero del Hampshire College, de Amherst, Massachusetts, de donde salió con una licenciatura en filosofía y ciencias políticas. Con el título bajo el brazo terminó trabajando en una panadería en Portland, así que decidió que era hora de rockearla un poco. Como también recuerda Donelly, no pasó mucho tiempo hasta que se empezó a correr la voz sobre los demos y grabaciones caseras que Smith venía realizando como solista, al punto que los Heatmiser empezaron a ser rápidamente opacados por esas cintas que se convirtieron en discos con tanta premura que los temas que a veces ni siquiera tenían nombre. En Roman Candle, el primero de esos discos --que conseguí en Tower Records (el de Santa Fe entre Riobamba y Callao, ¿se acuerdan?)--, hay cuatro temas llamados así, No name. No era aún época de redes sociales así que esta clase de noticias no corrían tan rápido ni llegaban tan lejos como ahora, pero la llegada de Tower propiciaba estos descubrimientos, ya que, ademas de los discos, la disquería traía revistas como Punk Planet o No Depression, y también la Pulse, la hermosa revista de la casa. Estaba la información, estaban los cds, estaba el 1 a 1, se podía probar cosas nuevas. Así fue como tuve la suerte de descubrir al buen Eliott casi desde el mismísimo comienzo. Los de Tower habían traído todos sus primeros discos, y me los fui llevando de a uno. Estuvieron esperandome semana tras semana a que me decidiera, como si estuviesen ahí sólo para que yo me los llevase. Arranqué con Either/Or, y empecé a ir para atrás, pero Tanya tuvo la suerte de llegar cronológicamente, y cuenta que el primer tema de Elliott que recuerda es Needle in the hay, que abre su segundo disco, Eliott Smith. Después vendría su ascenso a Dreamworks, su aparición en los Oscar, su súbita y absurda muerte en un incidente poco claro involucrando a un cuchillo, una especie de bizarra versión unplugged del escopetazo de Kurt, en todo sentido. Tanya Donelly explica que aquellos primeros discos de Elliott fueron muy influyentes, ayudando a generar una escena de músicos con la acústica y la voz bien al frente. La ex Throwing Muses, Breeders y Belly habla de Smith porque forma parte de un nuevo homenaje a sus canciones, producido por un sello indie llamado American Laundromat Records, dedicado en un principio a discos tributo. Los conocí hace un par de años, cuando hicieron uno bien cretino, un homenaje a la banda de sonido de Repo Man, del que ya hemos hablado anteriormente. La gente de American Laundromat amplió sus intereses editando también discos solistas de algunos artistas a los que se habían acercado para invitarlos a sus tributos y estaban sin sello, como Juliana Hatfield o justamente Tanya Donelly, pero con Say Yes!, su inevitablemente desparejo pero delicioso homenaje a Elliott Smith que apareció a fines del año pasado, han regresado a las fuentes. Ahí están J Mascis, Juliana Hatfield, Waxahatchee y Lou Barlow, entre otros, y también Tanya Donelly abriendo el disco con esta hermosa versión de Between the bars, un tema de Either/Or, que para ella es la canción perfecta. "Cuenta una historia con la que me puedo indentificar de muchas maneras: el amor y la bronca al preocuparte por una persona difícil, siendo uno también difícil".

martes, 28 de febrero de 2017

Variaciones en rojo


Mañana de martes feriado de carnaval, salgo a hacer las compras y veo a un reciclador de basura metido hasta la cintura en un contenedor. Está sacando papeles que alguien descartó, dejando que se apilen sobre el asfalto casi sin mirarlos. Hay revistas en diversos estados de conservación, muchas hojas sueltas, libros con el lomo desarmado, partidos al medio o sin tapas, pero algunos están todavía enteros. De pronto, reconozco uno. Es Variaciones en rojo, de Rodolfo Walsh. Supongo que quien lo habrá tirado no sabía qué era lo que tiraba a la basura, simplemente pensó que se estaba sacando de encima papeles viejos, tal vez ajenos, cosas para él sin valor, que necesitaba descartar de una vez para dejar paso a lo nuevo. Quien lo rescata, aún no sabe qué es lo que ha encontrado, está dedicado a sacar a la luz su hallazgo, para poder revisar lo conseguido cuando ya no haya más que rescatar. Por un segundo pienso en cruzar la calle, levantar el libro, hablar con quien esta a punto de ser su nuevo dueño, evaluar si me lo llevo, o al menos preguntarle si sabe quien es, incluso recomendárselo. Pero todo eso es literatura. La realidad de esta mañana de fin de febrero es que, a casi un mes de que se cumplan 40 años de su desaparición, hay un libro de Rodolfo Walsh tirado en la calle. Pero está tirado allí no porque haya sido descartado, sino porque alguien --sin saber aún lo que ha hecho-- lo ha rescatado de su destino.

jueves, 23 de febrero de 2017

Leiva, "La lluvia en los zapatos"


No entiendo esas miradas/ teníamos un trato

Hace tiempo que tenía una deuda con José Miguel Conejo Torres, más conocido como Leiva, rocker de Vallecas, que es el barrio del Aleti en Madrid, y que supo formar parte del dúo Pereza. Aunque leo por ahí que con Rubén Pozo sacaron como seis discos, nunca les presté mucha atencion. Me parecían unos Airbag, con mas rock que pop, pero no más que eso. Puro prejuicio, lo confieso, pero los dejé pasar sin culpa, incluso cuando empecé a notar --hacia el final, cuando empezaron a venir seguido y casi a hacerse locales-- que alguna que otra oreja amiga mas o menos confiable los nombraba no solo sin indiferencia, sino incluso sin desprecio. Después de la separación Leiva sacó dos discos como solista, pero recién consiguió entrar en mi radar cuando su nombre insistía en asomar con invitado en los discos de rock español que llamaban mi sincera atencion. Y no solo eso: los temas en los que aparecia en esos discos, generalmente eran los mejores. Comencé a preguntar directamente por él a quienes lo conocían personalmente, y las respuestas fueron siempre alentadoras. Así que prometí prestarle atención a su próximo disco solista, y acá estoy, escuchando su casi flamante --salió en la segunda mitad del año pasado-- Monstruos, su tercer opus, que incluye una balada dedicada a Buenos Aires, Palermo no es Hollywood, casi una respuesta directa a Benjamin Biolay. Y también este temazo que disfruta sin culpa mi parte rocker mas grasa --según algunos-- pero que me resulta particularmente vivificante. Yo me aburría de la chica que tenia entonces/ tú te vengabas de tu novio de siempre/ todo te hacía reír, arranca cantando Leiva, y ya estoy entregado a una canción heroica pero melancólica, en todo caso algo vengativa o saldadora de cuentas. Pero que siempre se mueve hacia adelante, con ese ritmo cuadradote y marchoso que tan bien le calza al rock español del mejor Sabina para acá. Por cierto, creo que escucharemos hablar de Leiva hasta en la sopa en estos días, fue el productor del inminente nuevo disco del buen Joaquín. Pero antes que suene casi al comienzo del Música Cretina de febrero, y tambien durante este mediodía agobiante de jueves. Leiva se merece que lo nombremos un poco solito y solo, confesando una y otra vez que no puede evitar notar, al igual que nosotros en esta ciudad hirviente, el universo en llamas, la lluvia en los zapatos.

domingo, 12 de febrero de 2017

La Costa Brava, "Justicia poética"


En el desierto no encontré/ ni espejismos ni mi sed

Supongo que una de las posibles definiciones de Música Cretina sería simplemente "cualquier canción de La Costa Brava". Porque no hay canción del grupo de Sergio Algora y Fran Fernández que no pueda sonar en cualquier no-programa. Desde su primer disco, los fui coleccionando todos, uno a uno. Un fanatismo que empezó siendo, debo confesarlo, una extensión del que siempre le profesé a El Niño Gusano, grupo al que me acerqué gracias al vínculo que me unió a Zona de Obras, revista afincada en Zaragoza, tierra niñogusana por excelencia. Ya lo he dicho por ahí: en mi breve paso por la ciudad a fines de los 90, tuve el honor de dormir rodeado de cajas llenas de discos de Grabaciones en el Mar, el sello local que editaba al grupo, y siempre me gustó pensar que esa noche mi sueño fue custodiado por la música de El Niño Gusano. Pero hay más: ese justo descanso nos lo ganamos luego de trasnochar en un bar llamado El Fantasma de los Ojos Azules, atendido por el baterista del grupo, Andrés Perruca, con el que pinchamos una y otra vez en una bandeja el disco que acababa de salir de los Teenage Fanclub, Grand Prix, y luego creo recordar que apareció Algora y algo más habremos bebido, incluyendo en la conversación también al hamster blanco que era la mascota del lugar. Como podrán ver, ya hay en este difuso recuerdo material suficiente como para alumbrar una canción del grupo que Algora formaría con Fran luego de la disolución del Niño. Hace poco finalmente llegó a mi casa el muy buscado Los idiotas prefieren la montaña (Xórdica), breve libro con el que Aloma Rodríguez, escritora y también moza del Bacharach, el bar de Algora, recuerda y despide al cantante, que falleció de pronto en el 2008, cuando aún no había cumplido 40 años. En el emotivo libro de Aloma, que me leí de una sentada, como si hubiese encontrado de pronto el agua necesaria para saciar una sed que ni siquiera sabía que tenía, me enteré que el delicado problema coronario que Algora arrastró durante casi toda su vida adulta, apareció a la altura del último disco del grupo y su posterior separación. El corazón le avisó a Sergio que estaba en problemas, y así se terminó el Niño Gusano y después de atravesar durante un tiempo el desierto finalmente encontró su Costa Brava. Siempre me gustó la música del Niño, mas que nada porque era uno de los pocos grupos del indie español de la época que porfiaba en cantar en castellano. Los demás lo hacían en inglés, algo absurdo --y sumamente snob-- en una tierra en la que todo se dobla y nada se subtitula. Hay algo de, justamente, justicia poética en que el socio de Sergio en su última cruzada musical haya sido Fran Fernandez, integrante del grupo más descarado de esos indies españoles falsamente anglosajones, Australian Blonde. Tengo todos sus discos, creo. Y también los del Niño --sólo me falta su primer disco, el mítico Palencia EP, si alguien quiere desprenderse de él, aquí tendrá un hogar--, pero no todos sus temas podrían ser parte de Musica Cretina. En cambio con La Costa Brava es algo que sucede casi naturalmente. Lo prueba el hecho de que en su primer disco tienen un hermoso cover traducido al castellano de los Flaming Lips. Y que el segundo está todo dedicado a versiones de grupos amigos. La esencia de Musica Cretina hecha grupo. Y dicho todo esto, solo me queda, primero, celebrar el libro de Aloma, que es una celebración de la vida y la obra de Sergio, y también del amor y la admiración que muchos hemos profesado por él. Tengo un par de mails que intercambié con Sergio cuando apareció Llamadas perdidas, el cuarto disco del grupo, y armé una nota de una paginita en Radar, y tal como Aloma confiesa en su libro que ha hecho con los suyos, no los he borrado, San Gmail los mantiene con vida. Supe de la existencia de Aloma cuando recibí como un mazazo la noticia de la muerte de Sergio, y lo despedí en otra página de Radar, una labor que atesoro con mucho cariño. Buscando información en las redes, descubrí lo que había escrito la entonces apenas moza, que reproduje en mi artículo. Supongo que eso que encontré entonces debió haber sido la semilla de este hermoso libro. Y en esta letanía entonces llega el momento de hablar de Justicia poética, el tema que nos atañe en esta tarde de domingo agobiante. En las letras más pequeñas que acompañan las ya pequeñas letras de los temas incluidas en el librillo que acompaña Velocidad de crucero, se aclara que el tema fue hecho en honor de un amigo que, cada vez que acertaba con el azar, celebraba al grito de "justicia poética". Y esas letras pequeñas también confiesan que pretendía sonar como una mezcla entre Velvet Underground y Os Mutantes. "Vaya tontería" apostrofa el redactor de esas liner notes mínimas, pero desde aquí celebramos el comentario como un gol, porque confirma la idea que inauguró este texto: más Música Cretina, imposible. Asi que acá está el tema que les alegrará lo que queda del domingo, y quien te dice, también este fin de semana extendido. Usenló con cuidado, se les puede meter en la cabeza, y hacerlos absurdamente felices durante el resto de sus vidas. Y lo mismo puedo decir del Música Cretina completo. Es domingo, tienen tiempo, hagan play y siéntense a esperar la Justica poética. Después me cuentan si valió o no la pena.